Cuídate si tratas con personas difíciles.

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A la hora de tratar a personas difíciles es imprescindible ahorrar energías. Ello implica no perder la calma, conservar una buena autoestima y controlar bien nuestras emociones con el fin de no dejarnos llevar por la ira o la frustración.
Discusiones, críticas, chantajes, negatividad en el ambiente… Cuando tratamos a personas difíciles casi cada día nuestra salud mental se erosiona. No siempre es posible mantener una distancia higiénica de ellas ni convencerlas de que actúen de otro modo. ¿Qué podemos hacer entonces en caso de convivir con alguien así en el trabajo o incluso en nuestra propia familia?
Lo más importante es el autocuidado. A veces, nos focalizamos tanto en la autodefensa, en alzar muros, parapetos, en pensar estrategias de ataque o de mera supervivencia, que olvidamos quizá lo más básico: el propio bienestar. Cuando nos descuidamos, la propia energía mental y emocional se consume más rápido y nos quedamos bajo mínimos; además de completamente desprotegidos.
Por otro lado, hay algo destacable en este tema que vale la pena considerar. Sociólogos, como Shira Offer de la Universidad de Bar-Ilan en Israel, nos indican que una buena parte de esas personas a las que llamamos «difíciles» son seres muy cercanos. Así, podemos por ejemplo, tener hijos altamente demandantes o también padres, madres y hermanos con un carácter exigente.
Nos gustaría que el trato fuera más sencillo, que las cosas fluyeran solas y que nuestro día a día a día a su lado se alzara de manera más gratificante. Sin embargo, esto no siempre es posible y no por ello debemos resignarnos al sufrimiento. Hay estrategias y, gran parte de ellas, pasan por algo esencial: empezar por nosotros mismos.



Qué hacer cuando tratamos a personas difíciles

Las personas difíciles pueden evidenciar la complejidad de su carácter de muy diversas maneras. Las hay que discuten por todo, otras evitan cualquier responsabilidad y no cooperan en nada, las hay que difunden rumores y las que viven sumidas en el pozo de la negatividad. Ahora bien, más allá de la personalidad, lo que hacen o lo que dejan de hacer, está cómo nos afecta a nosotros su comportamiento.
Habrá quien, por ejemplo, no vea problema alguno en ese compañero de trabajo hiperperfeccionista al que nosotros siempre intentamos evitar. Cada cual tiene un límite y un modo de manejar la complejidad humana. Por lo tanto, antes de focalizar el problema en el otro, el primer paso debería ser también preguntarnos exactamente qué es lo que nos molesta de la otra persona. ¿Es su falta de respeto, su actitud quizá? ¿Es algo que me supera por alguna razón en concreto?
En relación a este tema, la doctora antes citada, Shira Offer, de la Universidad de Bar-Ilan, Irael, llevó a cabo un estudio para demostrar varias cosas. La primera es que cuando tratamos a personas difíciles experimentamos un elevado estrés. Poco a poco, desarrollamos una incomodidad total y absoluta hacia esa figura.Ya no sabemos muy bien qué es en concreto lo que nos desagrada porque lo que intentamos a toda costa es evitarlas.
Sin embargo, y aquí está el problema, no siempre es posible huir de ellas. En ocasiones, estamos obligados a trabajar o compartir escenarios comunes con esas personas difíciles.

El autocuidado y el estrés de «segunda mano»

Los investigadores Howard Friedman y Ronald Riggio de la Universidad de California realizaron un estudio en el que hablan del impacto del estrés secundario. ¿Qué significa este término y cómo se relaciona con las personas difíciles? Lo entenderemos de inmediato. Cuando estamos obligados a cohabitar con perfiles complejos, adversos, críticos o demandantes, ese comportamiento ajeno siempre nos acaba afectando.
Así, el simple hecho de observar a alguien estresado, a un compañero de trabajo o familiar muy negativo, discutidor o crítico, acaba haciendo mella en nuestro propio sistema nervioso. A esto le llamamos estrés secundario, y es algo que deja secuelas y merma nuestra salud.
Por tanto, cuando tratamos a personas difíciles es prioritario practicar el autocuidado. Este ejercicio cotidiano es como fortalecer un músculo mental que actuará como parapeto ante esos comportamientos ajenos. Así, entre esas prácticas a las que deberíamos dedicar tiempo y esfuerzo, están las siguientes:

Autocuidado para recordar lo que merece nuestra atención y lo que no

Como suele decir el viejo refrán «Las cosas te afectarán tanto como tú dejes que lo hagan». Hay mucha sabiduría en esa frase, sin embargo, no siempre es fácil aplicarla en nuestra realidad inmediata. Nos encantaría que ciertas cosas nos afectaran menos, pero cuando las personas de carácter complejo vulneran derechos y libertades, cuesta bastante mantener esa ecuanimidad.
En este caso, el autocuidado también es la clave. Lo es porque el bienestar pasa también por recordar la necesidad de poner límites, saber protegernos y defendernos cuando es necesario. Bienestar, es a su vez, saber controlar nuestras emociones, dar importancia a lo que de verdad lo tiene y quitar atención a quien no la merece.
Tener un sentido claro de nosotros mismos, recordar cuáles son nuestros valores y necesidades, mantener la calma y desarrollar adecuadas habilidades de inteligencia emocional nos pueden ayudar a manejar mejor muchas de estas situaciones a menudo tan frustrantes.
Al fin y al cabo, todos tenemos alguna que otra persona complicada en nuestra vida, aprendamos a gestionar las relaciones con ellas adecuadamente para vivir mejor.
Fuente: La Mente es Maravillosa.